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ELLA...

ELLA... ELLA... La había visto antes, ignoraba su nombre, siempre caminando rápido pasaba cerca del billar al que yo iba a jugar todas las tardes con mis amigos. Una tarde lluviosa de septiembre, llegué más temprano a casa, vi a mi madre y la vi a ella, sentada en el viejo sofá amarillo; ven hijo, ella es maría, la hija de Amalia, tu tía lejana que vive en Londres, hace 3 meses que está en la ciudad, pero la muy ingrata no pensado en venir a visitarnos; mucho gusto María, ahora debo dejarlas porque me esperan los libros de química, mañana tengo parcial... trataba de leer, pero a cada momento recordaba su rostro moreno, pensé que me estaba enloqueciendo, porque en lugar de ver las fórmulas consignadas en los libros, leía insultos, palabrotas, groserías que e referían a lo tonto que era por estudiar fórmulas químicas y no encontrarme sentado en el viejo sofá amarillo, junto al motivo de mi turbación. Me quedé dormido, cuando desperté, la penumbra embargaba mi habitación, salté de la cama, me dirigí al cuarto de mi madre y pregunté: ¿y maría? Ah que lastima hijo.. no quiso despertarte, quería despedirse, porque hace ya 2 horas que su avión partió hacia Londres.
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